martes, 29 de enero de 2019

San Petersburgo: el sueño de Pedro el Grande




No puedo sino partir este posteo aclarando que a pesar de todo lo que pueda decir sobre San Petersburgo nunca lograré plasmar en papel la grandiosidad, belleza y majestuosidad que tiene esta ciudad. La mezcla perfecta de historia, geografía y pasión la atraviesan de un lado a otro convirtiéndola en un lugar absolutamente único e inolvidable. Mi primera y principal recomendación es contratar un guía, especialmente si como yo, va solo por dos días. Nosotros tomamos a la maravillosa Liudmila Parshina (lud-parshina@yandex.ru). Una rusa que no solo ha vivido toda su vida en la ciudad sino que además su madre vivió la revolución en primera persona y su abuela fue testigo directo de los años de los Zares. Ambas la educaron con este bagaje de manera delicada y cariñosa, lo que explica su vasto conocimiento de los temas rusos y su gran amor por la ciudad. Liudmila habla perfecto español y lo pasea a uno no solo por San Petersburgo sino por la historia. El guía se vuelve un imprescindible para visitar una ciudad tan grande y tan empapada de drama y hechos históricos de relevancia mundial, además le evita todas las filas con pases preferenciales.  
Pedro el Grande
Empecemos con un poco de historia. El Zar Pedro el Grande es el ideólogo detrás de San Petersburgo. No solo recuperó la zona de manos de los Suecos sino que tuvo la visión para establecer ahí, en medio de un enorme pantano, una gran ciudad que abriera a Rusia hacia Europa. Sin duda este es el Zar más relevante y destacado de todos. Creativo, visionario, estudioso, inteligente y trabajador, entendió que Rusia no podía aislarse del mundo y mucho menos de Europa. Durante los 43 años que duró su reinado (1682 a 1725) se dedicó a "europizar" Rusia, desde lo arquitectónico, pasando por lo político, lo cultural y especialmente lo militar, concentrándose específicamente en lo naval. La transformación que llevó adelante Pedro es parte vital de la historia del país y si bien algunos critican su modo firme, acusándolo incluso de tirano, la historia no puede negar que Pedro transformó a Rusia en un poderoso y moderno imperio. La ciudad fue fundada en 1703 y en 1712 le arrebató a Moscú el título de la capital de Rusia.
Canales
Pedro el Grande trajo arquitectos de varias partes de Europa para ejecutar un diseño inspirado en Venecia, con fuerte influencia de la arquitectura italiana y también francesa. Se evitaron los puentes sobre el enorme e impactante río Neva y se fomentó la construcción de canales. El resultado es simplemente asombroso. Por algo la Unesco ha reconocido el centro histórico de la ciudad como patrimonio de la humanidad.
Pedro fundó la ciudad como "Sankt Piterburj" en honor al patrono holandés, país en donde Pedro vivió, estudió y trabajó como un obrero más. Con la llegada de la primera guerra el nombre cambió a "Petrogrado" con el fin de "rusificarlo". Con la revolución perdió su estado capitalino y algunos años después su nombre fue cambiado a "Leningrado" para honrar al líder de la revolución. El 13 de junio de 1991, a poco del término de la URSS se hace un plebiscito y el 54% de la población aprueba el cambio de nombre al actual San Petersburgo.

Noches blancas (foto www.bienvenidospb.com)
Pasemos a lo turísco. La visita parte en el impresionante y enorme rio Neva. A pesar de sus no tan sorprendentes 74 kilómetros de largo es el tercero más caudaloso de Europa. Su parte más ancha es de 1.2 km y su profundidad más grande es de 24 metros. Pedro lo pensó siempre como la principal avenida de la ciudad, de hecho durante todo el siglo 18 no hubo puentes que lo atravesaran y la gente usaba ferries para ir de un lado de la ciudad al otro. Si bien durante el invierno se congela transformándose en un espectáculo, es durante el verano que adquiere mayor popularidad con sus noches blancas hacia fines del mes de Junio. Durante esos días el sol se pone después de la 10 de la noche y el crepúsculo dura hasta el amanecer con lo que nunca hay oscuridad total. Los paseos por el rio a mitad de la noche son de las cosas más románticas que se pueden hacer en la vida. Anote en su "bucket list".

Museo Hermitage - Palacio de Invierno

Capilla de los Zares
Vestimenta original del Zar Nicolás II
A orillas del rio se ubica el museo más importante de la ciudad y el más grande del mundo: el Hermitage. Fue fundado en 1764 por Catalina la Grande, quien fue emperatriz de Rusia durante 34 años. Catalina continuó con el legado de Pedro de abrir Rusia a Europa y el arte fue una de sus áreas de mayor interés. El museo que partió con una pequeña colección de a penas 317 obras, hoy tiene más de 3 millones. Los cálculos dicen que si usted quisiera detenerse un minuto frente a cada obra del museo le tomaría 11 años verlas todas; usando 8 horas diarias y recorriendo un total de 24 kilómetros entre los 5 edificios que lo componen. Comprenderán que con estas cifras es vital entrar al museo con una idea clara de lo que se quiere ver y cuanto tiempo se quiere invertir en él, de lo contrario la experiencia puede ser traumática. La guía resulta vital en esta parte, ella nos llevó básicamente a recorrer el Palacio de Invierno que no solo es la parte más importante del museo sino una de las más relevantes de la historia de los Zares. Fue ésta su última residencia oficial y con su toma en 1917 fue el paso irreversible de la revolución. Recorrerlo maravilla por variadas y distintas razones. Su belleza y grandiosidad impactan desde la calle y en cada rincón que se visita se respiran los colosales tiempos de los zares y su opulencia sin límite. Tiempos maravillosos para algunos y horribles para otros. No quiero ni asomarme en esa discusión, solo pretendo traspasarles que lo que queda de esa época es impactantemente precioso. Si además del punto estético le agrega el valor histórico del lugar entenderá que este museo es el punto central de la visita a San Petersburgo y su planificación es clave. Dese un tiempo para apreciar la grandiosidad y belleza de la plaza del palacio, una enorme explanada rodeada de preciosos edificios de arquitectura europea.

Puente de acceso a la isla Záyachi

Catedral Pedro y Pablo
A pesar de la ubicación imponente y central del museo, no fue aquí donde nació la ciudad. En 1703 Pedro el Grande recupera estas tierras que estaban en manos suecas y decide fundar la ciudad en la pequeña isla de Záyachi, justo al frente del museo. Aquí nace San Petersburgo con la construcción de la fortaleza de Pedro y Pablo. Se accede a la isla por un precioso puente de madera que enormes buses turísticos no han logrado derribar. Aunque su objetivo era ser una fortaleza, la realidad la transformó en otra cosa. Para cuando estaba lista, la guerra con Suecia ya había terminado así que el lugar sirvió de cárcel y de guarnición del ejercito. Incluso el hijo de Pedro el Grande estuvo preso aquí. Claramente el Zar era un hombres de armas tomar y cualquiera que se pusiera en su camino lo pagaría muy caro. Hoy alberga el museo de Historia y la catedral que hay en la fortaleza fue la primera de la ciudad por lo que tiene un lugar enorme en el corazón de los habitantes de la ciudad. Con sus 122 metros de altura es la edificación más alta del centro histórico. Si bien su exterior es sencillo y simple, su interior es colosal. Repleta de frescos y relieves tiene el gran valor de ser el albergue de las tumbas de casi todos los zares, incluyendo Pedro el Grande, el asesinado Alejandro II y el último de los zares, Nicolas II.


Canales del Neva
La ciudad estuvo "terminada" en 1712 y pasó a ser la capital de Rusia hasta que con la revolución los bolcheviques le quitaron el titulo y se lo devolvieron a Moscú. Sin embargo, San Petersburgo conserva a los ojos de todos la calidad de capital cultural del país y un recorrido por sus calles lo avala. La principal avenida, Nevsky, da cuenta de los años gloriosos y grandiosos de San Petersburgo. Su amplitud pero sobretodo su perspectiva son la confirmación que el sueño de Pedro el Grande se cumplió con creces.
Catedral de San Isaac
Interior de la Catedral de San Isaac
Murales de mosaico de la Catedral de San Isaac
La ciudad fue concebida por Pedro  con visión Europea, el olor a Venecia y a Amsterdam se lo dan los canales que recorren el centro histórico y que obligan al turista a recorrerlos en un paseo en bote que da una mirada distinta y maravillosa de la ciudad. Si tiene suerte y le toca un día soleado verá como brilla toda la ciudad. El agua del rio, de los canales, las cúpulas de las iglesias, las cornisas de los edificios, es una ciudad a la que la luz le viene como anillo al dedo. Ir de un lugar emblemático a otro es un paseo que no lo despega de la ventana, las grandes explanadas y el constante protagonismo de la perspectiva es fascinante y los ojos a ratos se pierden. Los rusos supieron darle espacio y protagonismo a cada lugar pero ciertamente hay algunos que inevitablemente destacan sobre otros. La Catedral de San Isaac es uno de ellos.
Detalle mosaico
Sus estadísticas son impresionantes, 40 años de construcción, columnas de mas de 100 toneladas, una cúpula con 100 kilos de oro, más de 400 esculturas, 3 altares, una capacidad para 14 mil personas y la más impresionante muestra de mosaicos que he visto en mi vida. De lejos parecen frescos pero cuando uno se acerca nota que la gran mayoría de los revestimientos de los muros son mosaicos. Realmente uno queda sin habla. Las historias que cuenta la guía sobre el uso que le dieron los bolcheviques a estas iglesias durante la revolución son espeluznantes, incluso una fue transformada en pista de patinaje. Cuesta entender tanto descriterio. Todo lo que lo relacionado a religión y a la vida majestuosa de los zares fue destruido o transformado en algo público eliminando o evitando toda connotación con su origen. Se barrió con la cultura y la fe desde muchos variados y tristes puntos de vista.
Iglesia de la Sangre Derramada
A pesar de la innegable belleza y grandiosidad de la catedral de San Isaac mi preferida es otra. La iglesia de la Sangre Derramada se ganó mi corazón desde la primera vez que la vi. Su exterior clásico ruso ortodoxo es un obra de arte. Sus cúpulas llenas de colores y de brillos y la fachada repleta de detalles son solo un adelanto de la maravilla que uno encuentra adentro. Esta iglesia se construyó en honor a el Zar Alejandro II que después de varios intentos por asesinarlo encontró la muerte aquí, en una calle local y con una bomba que le quitó la vida. Su hijo mandó a construir la iglesia en su honor y en su interior hay 7.000 metros cuadrados de mosaicos, además de otras impresionantes obras de arte que dejan a quien entre con la boca abierta. El lugar es realmente una oda a la belleza, el arte y la opulencia de los tiempos de los zares.
Punto exacto del lugar en donde asesinaron al Zar
Interior de la iglesia de la Sangre Derramada
 El lugar exacto de la muerte de Alejandro II se conserva intacto, protegido por un pequeño altar se pueden ver las piedras manchadas con sangre que eran parte de la calle en aquellos años. Si los muros son impresionantes, no existen palabras para describir el cielo, prácticamente entero hecho con mosaicos. Otro verdadero trabajo de joyería son las puertas, no hay ningún espacio sin decorar, rellenar o pintar. En mi opinión, entre el valor histórico que tiene este lugar y su incuestionable belleza la transforman en la iglesia más bonita de toda la ciudad.


Metro Ruso
Ushanka - sombrero tradicional ruso
El segundo día  partió con una experiencia inolvidable. Conocimos el metro de San Petersburgo que ostenta el impresionante récord de ser el más profundo del mundo. La estación en la que estuvimos tenia más de 100 metros de profundidad y la escalera mecánica toma 3 largos minutos en llevarlo desde la superficie hasta el andén. Llama la atención que éste está protegido con puertas metálicas que se abren solo cuando el tren se ha detenido en la estación. Es un sistema de prevención de suicidios bien aterrador. La guía nos llevó a una tienda de recuerdos con productos de buena calidad y precios razonables. Imposible no volver con un  ushanka, el tradicional gorro ruso.

Palacio de Verano

Salón grande - Palacio de Verano
Cuando uno cree imposible que el día 2 supere la belleza y grandiosidad vista el día anterior, la guía te lleva a el Palacio de Santa Catalina, conocido también como Palacio de Verano. No existe la forma de describir este lugar que le haga real justicia a su belleza y grandiosidad. Ubicado en Pushkin, a 25 kilómetros de San Petersburgo, es visita obligada. Catalina la grande mandó a construir en 1717 un palacio de verano, ampliado por la emperatriz Ana en 1733 y demolido por completo por la emperatriz Isabel en 1752 para levantar un nuevo y opulento castillo que estuvo listo en 1756. Su exterior groseramente lujoso llamó la atención de todos, no solo por sus casi 400 metros de largo, sino por su impactante belleza y grandiosidad. Sin embargo, es en su interior en donde se ve la real fastuosidad y el grosero espíritu de ostentación de Isabel.
Sala de Ambar del Palacio Catalina (foto: peterguide.com)
Chimeneas de porcelana
El estilo barroco ruso tiene en este lugar a su mejor exponente, su obra más grandiosa y más clásica. A pesar de que el Salón grande lo deja a uno sin aliento, la verdadera joya del palacio es la Sala de Ambar, considerado por muchos como la octava maravilla del mundo. Sus impresionantes chimeneas de porcelana, que con un ingenioso sistema calentaban dos salones colindantes, son siempre llamativas por su grandiosidad y belleza. Muchos de los muebles que se ven son originales y otros han sido repuestos ya que tanto la guerra como la revolución tuvieron un triste impacto sobre estos ostentosos lugares. Se puede saborear de manera muy precisa el lujoso estilo de vida que llevaban los Zares visitando este castillo, para algunos el más lindo de toda la ciudad. Recorrer el parque es otra parte memorable del paseo. El lugar es público y la guía nos cuenta que durante el invierno las imágenes que se ven son realmente impactantes. Recuerden que el frío ruso es de otras proporciones y aquí se congela todo menos el alma y el vodka.


Iglesia de San Teodoro
Muy cerca de ahí podrán visitar la Catedral de San Teodoro, que fue la iglesia de la familia del Zar Nicolás II, el último de los Zares. Un hombre de un carácter tranquilo del cual se dice prefería mucho más vivir aquí, en la tranquilidad de las afueras de San Petersburgo, que en la grandiosidad y locura del Palacio de Invierno. En sus jardines se encuentra un pequeño memorial en su recuerdo. Emociona, quizás porque era el único zar del que yo conocía su historia, quizás por el brutal y triste final de su familia o quizás por el drama que fue la enfermedad de su único hijo hombre, el pequeño Alexei.

Sopa y cerveza rusa
Llega la hora de almorzar y como siempre mi recomendación es probar la comida local. Los rusos son grandes fanáticos de la sopa, básicamente para combatir el frío. Lo habitual es que le agreguen una buena cucharada de crema para darle mas calorías y así cumplir con el objetivo de proveer calor al cuerpo. La que yo probé era un caldo delicioso con verduras, algo de cerdo, aceitunas y por supuesto la cucharada de crema. Nuestra guía nos contaba que no es raro que durante el invierno solo se alimenten de sopa, contundente, pero sopa al fin y al cabo. Respecto de la cerveza, mis prejuicios me hacían temer un sabor fome o desabrido y la sorpresa fue grande, sabrosa y con bastante cuerpo la cerveza rusa entra en mi larga lista de preferidas. El descanso sirve para que la guía nos ponga al corriente de la actualidad de Rusia. Nos cuenta que el día anterior hubo un intento de manifestación por el sistema de pensiones y que a pesar de que no hubo ningún disturbio, ninguna piedra, ningún destrozo, hubo 400 detenidos. Muy interesante compartir visiones de sociedad con alguien que vive una realidad tan distinta a la de uno.

Peterhof

Peterhof
A esta altura del día uno cree que ya nada te puede impresionar y entonces llegas a Peterhof y quedas sin aliento. Otro sueño de Pedro el grande se muestra glorioso y majestuoso. El lugar es un gran parque con un enorme conjunto de palacios, cientos de fuentes y la residencia privada de Pedro el Grande que no es mucho más que una sencilla cabaña, sin lujos pero con una majestuosa vista al golfo de Finlandia. Pedro se obsesionó con la idea de las fuentes y junto con un grupo de ingenieros ideó un sistema para hacerlas funcionar sin motor, solo con la fuerza de gravedad. Es agua de manantiales que fluye con impresionante ritmo y belleza. Pedro no solo era inteligente, trabajador y creativo, también era bastante juguetón y eso se nota en varias de las fuentes, en donde entre el juego y la broma lograba siempre sorprender a sus invitados. La grandiosidad del diseño de todo el lugar le otorgó no solo el sobrenombre de la Versailles rusa sino que además es considerada patrimonio de la humanidad por la UNESCO. A pesar que uno invierte bastante tiempo recorriendo el lugar, cuesta dejarlo, porque con las diferentes luces del día toma un carácter distinto, siempre impactante y sobrecogedor.
Estatua de Lenin
Ya camino de vuelta le damos un vistazo a la Rusia moderna, la del mundial de futbol, con su enorme y moderno estadio e impresionante carretera elevada; pero lo que más impresiona es como todo esto convive con lo antiguo. Los rusos no se olvidan de su pasado y de como cada gota de la historia es importante para conformar el espíritu soviético profundo que los atraviesa. Por eso no sorprende que siga existiendo la poco agraciada arquitectura de la época bolchevique y que aun existan estatuas a Lenin. La guía nos explica con mucha normalidad que al ser parte de su historia explica quienes son y por lo tanto no se puede ni debe borrar.
Hace algunos días y por cuestión de azar me tope con la palabra "inefable". Nunca la había oido y al buscar su significado pensé inmediatamente en San Petersburgo. Le queda como anillo al dedo, es una ciudad que por su belleza, carácter, valor histórico y emplazamiento simplemente no tiene palabras para describirla con justicia. Sin duda otro viaje inolvidable.


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lunes, 26 de noviembre de 2018

Navegando por el Báltico



Me encantan los cruceros; creo que son una excelente manera de conocer varios lugares en poco tiempo, en un ambiente cómodo, entretenido, variado y con atracciones para todos en la familia. A mi en lo personal, me fascina navegar, caminar por las cubiertas en las tardes, sentir el viento en la cara y ver la inmensidad del mar delante de mis ojos. Las más bonitas puestas de sol y los más inolvidables amaneceres los he visto arriba de un barco. He hecho cruceros por varias partes y por eso puedo asegurarles q el crucero por el Báltico tiene muchos atributos. El itinerario es el primero, si bien son cruceros algo más largos, de 7 hasta 14 días, las rutas están muy inteligentemente planeadas así que no se hace aburrido. Tiene muchos puertos de llegada en varios países distintos, interesantes y variados, por lo que en un solo viaje se conoce mucho. La duración de la estadía en cada puerto está muy bien pensada y da tiempo perfecto para recorrer las principales atracciones de cada ciudad. Este es un viaje que es un verdadero imperdible en la agenda de cualquier viajero exigente.

Esta vez tomamos un NCL que tenía la particularidad de ofrecer dos puertos de embarque, esta flexibilidad es ideal para combinar los planes previos o posteriores que uno tenga. Los itinerarios en general son bien similares en las diferentes compañías de crucero, la única diferencia es que los más largos incluyen una visita a Noruega que no está en el Báltico sino en el mar del norte. El nuestro salía de Alemania e iba recorriendo el Báltico en dirección contra reloj.  Un punto importante a tener en cuenta es el clima. Esta es una de las zonas más al norte del mundo civilizado, este viaje no se puede hacer en cualquier época del año y lo más recomendable es ir entre Junio y Septiembre. Revise bien las temperaturas antes de hacer la maleta y lleve de todo un poco. Es habitual encontrarse con lluvia y frío pero tampoco es raro tener calor, más que mal es verano.

Tallin

Embarcamos en Warnemunde, un pequeño pueblito en el norte de Alemania, separado de Berlín por 3 horas de tren. Un excelente medio de transporte, cómodo y eficiente. Los pasajes se pueden comprar en https://www.bahn.de/m/view/en/index.shtml desde 3 meses antes de la fecha del viaje.  No recorrimos el pueblo por la ansiedad de los niños de subir al barco, el cansancio y especialmente por que a la vuelta veríamos muchos pueblos en Alemania. En todo caso Warnemunde es un pueblo a la orilla del Báltico, encantador y muy chico que se recorre en una mañana. Después de un tranquilo y cálido primer día de navegación llegamos a Tallin, capital de Estonia y su ciudad más grande, aunque a penas tiene 440.000 habitantes. Durante la edad media vivió sus años de gloria, siendo puerto obligado de los barcos que comerciaban entre Rusia y Europa. Hoy tiene un presente tranquilo que vive principalmente del turismo. La ciudad se divide en dos, la parte baja y la parte alta que alberga la ciudad antigua y que es el principal atractivo de Tallin.

Ciudad antigua amurallada
La parte antigua es un pueblo amurallado que tiene algunas torres absolutamente intactas. El recorrido entero de esta zona toma medio día hecho con calma. Vale la pena partir por la Iglesia San Olaf que con su agotadora escalera caracol lo lleva a la torre. La vista de la ciudad desde aquí es inigualable. Recorra sus calles de adoquines y visite el comercio local que es atractivo y novedoso. Su moneda es el euro y todos hablan inglés, lo que facilita el paseo. Imperdible visitar Masters Yard y el pasaje de Katarina en donde verá artesanía local, especialmente lana, en un ambiente medieval que lo traslada en el tiempo.
Plaza del ayuntamiento
Aquí se puede subir al muro y pasear por su parte interior. A un par de cuadras esta la calle Viru, otro de los accesos al pueblo antiguo en donde hay un mercado de flores y frutas. Como en todo pueblo pequeño, la plaza es el punto central. Aquí se encuentra el ayuntamiento y varios edificios preciosos. Disfrute de un café en la plaza y mire el impactante movimiento turístico que se ve, la mayoría provenientes de cruceros que recalan aquí solo por medio día. Tome una de las calles que lo llevan a la parte alta de la ciudad para visitar el icono de Tallin: la Catedral Alejandro Nevsky. Construida en honor al héroe nacional, esta iglesia es patrimonio de la humanidad. A su lado, el edificio del Riigikogu, sede del parlamento estoniano, es un precioso edificio amarillo pastel que basta con apreciar por fuera. No se puede ir de Tallin sin ver sus miradores, en la parte más alta de la ciudad están los más famosos. Se trata de de Toomkiriju, Kohtuotsa y Patkuli, todos muy cerca entre si, separados por una corta camina por las preciosas calles adoquinadas de la ciudad antigua. Tallin vive del turismo y se nota, sus fachadas están en perfecto estado, sus calles impecables y sus habitantes muy preparados para recibir turistas. Recorrer sus rincones es un viaje en el tiempo, volver a la edad media pero de la mano de gente amable y carismática. Un lugar simplemente adorable


Si bien nuestra segunda parada fue en San Petersburgo, esa ciudad merece un posteo completo a parte, que vendrá más adelante. Nos vamos entonces a la tercera parada, la encantadora ciudad de Helsinki en Finlandia. Con una población de 1 millón de personas, Helsinki es la ciudad más grande del país, su capital y sede del gobierno. Se independizó de Rusia después de la revolución y antes estuvo dominado por Suecia, lo que explica porque el sueco es el segundo idioma oficial y en muchas partes encontrará la señalética en finlandés y en sueco.

Catedral Uspenskin
El punto central de la ciudad es la Plaza del mercado que está en el muelle principal de la ciudad, al lado de la casa de gobierno. Muchos puestos en donde se venden frutas, verduras y artesanía local. A un par de cuadras domina la escena la Catedral Uspenskin. Esta catedral ortodoxa construida en 1862 está inspirada en el estilo moscovita del siglo XVI. Tiene 13 cúpulas que representan a Cristo con sus apóstoles. Es considerada la catedral ortodoxa más grande de toda Europa. A solo un par de cuadras, compite en su belleza la Catedral de Helsinki que corona la plaza del Senado. Es conocida como la Catedral Blanca y es la catedral luterana más importante de la ciudad. En su interior corona el altar un retablo del entierro de Jesucristo donado por el Zar Nicolas I y en la plaza hay una preciosa estatua del Zar Alejandro II. Toda la influencia rusa se desparrama por la ciudad demostrando los largos años de dominación. Si tiene suerte con el clima recorra la preciosa avenida Esplendi, repleta de tiendas elegantes y buenos restaurantes. Dependiendo la cantidad de tiempo probablemente tendrá que optar al momento de elegir museos. Las alternativas principales son el Ateneum que es el museo nacional de Finlandia, el precioso Kiasma que es el museo de arte contemporáneo y el Kansallis que contiene principalmente arte finlandés. Si de mi dependiera, me quedo con el Kiasma por tamaño y por la impactante belleza interior y exterior de su edificio.
Iglesia de Piedra de Temppeliauko
Capilla del Silencio
Hay dos lugares bien únicos en la ciudad que nos hablan de una cultura reflexiva y un mundo interior muy potente. El primero es la Iglesia de Piedra Temppeliauko. Revise los horarios porque a mi me tocó cerrada por la hora de almuerzo. El lugar es una mágica obra de diseño y arquitectura. Su forma circular da una sensación de integración que se confirma con el precioso uso de los materiales de manera integrada y armónica. Es una iglesia luterana, evidenciando la doble religiosidad que existe de manera tan latente en Finlandia. A unas pocas cuadras de aquí encontrará  capilla del silencio ubicada en Kampi, el barrio del diseño. Es una pequeña edificación de madera que alberga un templo laico. Un lugar que invita a detenerse, callarse y oír la voz interior, un regalo enorme en la vida agitada de una capital. También se puede convertir en refugio del duro clima, en una ciudad en donde la lluvia y el frío son protagonistas casi constantes. Aproveche de caminar por el barrio, no por nada Helsinki es reconocida como la capital mundial del diseño. Se respira creatividad, imaginación y vanguardia. El diseño se ve en lo urbano y también en lo íntimo, en cada esquina, en cada tienda e incluso en la gente, su manera de vestir y de vivir. Mi recomendación es hurguetear por las diferentes tiendas y fascinarse con una cultura dedicada a la creatividad. De vuelta al crucero no deje de admirar los nuevos y modernos barrios que están construyéndose cerca del muelle. Edificios con pequeños departamentos, con arquitectura de vanguardia y mucha estética. Los jóvenes se han volcado a este lugar por precio, comodidad y estética.
Nyhavn - Copenhague

Después de perdernos Estocolmo por mal clima llegamos a Copenhague, ciudad preciosa, cautivante, única e inolvidable. Cuesta elegir un destino preferido en esta ruta tan completa y variada, pero sin duda esta ciudad robó mi corazón. La capital de Dinamarca es una ciudad pequeña con 700.000 habitantes en la zona urbana. Originalmente fue una aldea vikinga y hoy ostenta el premio a la ciudad más feliz del mundo. Es la ciudad más visitada de Escandinavia y las razones para mi son evidentes, es una ciudad amable, fácil, preciosa, limpia y ecológica, imposible no enamorase de ella.

La Sirenita
Un recorrido por la ciudad tiene, en mi opinión, solo un punto de partida lógico. Primero por su ubicación y segundo porque sin duda alguna es el icono de la ciudad. Por esto, no concibo empezar en otro lado que no sea visitando a la famosísima escultura de la Sirenita, inspirada en uno de los personajes de Hans Christian Andersen, cuida la bahía con una actitud de tranquilidad que conmueve. La escultura fue un regalo de un empresario cervecero a la ciudad. Se juntan muchos turistas a sacar fotos pero el lugar es amplio y hay espacio para todos. Al lado está Kastellet, o también llamado parque Churchill. Una antigua ciudadella con forma de estrella, rodeada por un canal que la protegía de los agresores. Hoy funciona como cuarteles militares y está abierta al publico. Es un bonito paseo que además sirve de atajo entre la Sirenita y el centro de la ciudad. Recorra sus jardines en donde destaca un enorme molino de viento en perfecto estado.
A unas pocas cuadras se encuentra la Iglesia de Federico, conocida popularmente como Iglesia de Mármol, es un precioso templo luterano que luce la mayor cúpula de toda Escandinavia. Está inspirada en la catedral de San Pedro y se nota. Al otro extremo de la calle se ubica el Palacio de Amalienborg, uno de los muchos palacios reales de la ciudad. Es la residencia actual de la reina Margarethe II que gobierna el país desde 1972. La monarquía es querida y respetada en Dinamarca, es parte importante de su cultura y no hay cuestionamientos sobre su rol.

Nyhavn
A penas a unas pocas cuadras nos vamos a encontrar con otro icono de la ciudad, Nyhavn, un muelle construido a finales del siglo XVII como puerta de entrada a la ciudad. Hoy es uno de los puntos turísticos más importantes y sus postales recorren el mundo con sus coloridos edificios, bares y restaurantes. Desde aquí salen botes de paseo por la bahía que yo recomiendo hacer solo si sobra el tiempo porque la ciudad tiene mucho por ofrecer en las calles.
Palacio Rosernbog
En este barrio hay mucho movimiento, tiendas y restaurantes. Disfrute de las fachadas porque son impresionantes, grandiosas y muy bonitas. Entreténganse merodeando por sus calles, entrando a las tiendas y conversando con los locales. La amabilidad y simpatía de los daneses fue algo que a mi me sorprendió. Con caras llenas de sonrisas lo reciben a uno siempre de buena gana y con la mejor disposición. El inglés es habitual aunque no fluido en muchos casos pero se logra la comunicación básica
Estacionamiento de bicicletas 
A pocas cuadras aparece el precioso palacio Rosenborg que hoy alberga un museo con tesoros de la monarquía. Está ubicado en un enorme y cuidado parque que vale la pena visitar de pasada, camino a Torvehallerne, el mercado de Copenhague. Siempre los mercados son un lugar interesante para visitar, con comida típica, mucho ambiente y un grato lugar para detenerse a descansar y tomar algo. Torvehallerne se volvió rápidamente en uno de mis preferidos. Primero porque aunque hay bastante gente, el espacio es grande y no se ven aglomeraciones. Además su limpieza y orden son impresionantes y nuevamente destaca la amabilidad de quienes ahí trabajan. Súmele la enorme y variada oferta gastronómica y el lugar es simplemente perfecto.
Dinamarca es el segundo país que más usa la bicicleta en el mundo. Es algo realmente impresionante como están por todas partes y como la ciudad los privilegia, facilitándoles la vida con amplias ciclovías, estacionamientos especiales y preferencia frente a los automóviles. Nunca dejó de impactarme la cantidad de bicicletas que se ven por todos lados. En la ciudad la mitad de los habitantes la usa para ir al trabajo. Hay una cultura pro bicicleta que hace que su masivo uso sea un medio de transporte seguro, cómodo y económico.

Rundetarn
Stroget
Otro must es recorrer las calles peatonales de la ciudad. Hay varias pero la principal es la Stroget que es la calle peatonal más larga de toda Europa. Repleta de gente, bicicletas, tiendas, cafés y mucha onda en un ambiente amable y sin complicaciones. No se puede dejar de visitar la Rundetarn, una torre redonda que alberga uno de los observatorios astronómicos más antiguos de Europa. Se sube por una rampa de caracol adoquinada, impresionantemente linda y muy única. Las vistas de arriba son preciosas. Vale demasiado la pena el esfuerzo físico de la subida.
Kanal Cafeen
A esta altura del día el cuerpo ya pide el almuerzo. Donde fueres haz lo que vieres dice el refrán, esto aplica especialmente a la comida. Siempre lo digo y hoy lo repito, hágase el animo de comer comida típica de los lugares a los que va, es parte importante de conocer un lugar  y así entender de manera más global su cultura. Nosotros almorzamos en el Kanalcafeen (https://www.kanalcafeen.dk/) un restaurant de comida típica danesa que se nota tiene muchos años de historia. Lleno de gente y de recovecos, el lugar parece chico pero es enorme, bien atendido y la comida muy típica danesa. La especialidad son unos sandwich abiertos que se comparten y preparan en la mesa, toda una novedad. Mucha cebolla, alcaparras y aliños, vale la pena probar. Al frente está el Palacio Christiansborg, un imponente edificio barroco del 1167. Fue la primera residencia de la familia real hasta que se incendió en 1794. Hoy es la sede del parlamento.
Alrededores del Palacio Christiansborg

Este barrio es muy bonito para caminar, con edificios de impresionantes fachadas, el canal que se aparece en varias partes y las ciclovías repletas de ciclistas que le dan un toque tan danés a Copenhague. Si le alcanza el tiempo, cruce el puente Knippelsbro hacia Christianshavn, el barrio hipster de la ciudad. Vale la pena visitar el edificio de la opera y el papiroen, un mercado de alimentos con ambiente juvenil y entretenido.

Christiania
A pesar de que nosotros no alcanzamos a visitarla, le dejo la inquietud de conocer Christiania, una ciudad dentro de la ciudad de Copenhague. Con alrededor de mil habitantes que hacen sus reglas y leyes de común acuerdo, este es un lugar sacado de una novela media surrealista. Las calles no están pavimentadas y su aspecto general es desmaquillado o incluso de abandono. Hay áreas "verdes" en donde se permite el libre consumo y comercio de marihuana a pesar de que en Dinamarca está prohibido. Un lugar distinto e interesante.


No quise incluir la información sobre Estocolmo porque como por problemas de clima no pudimos conocerlo, prefiero escribir de las cosas que si conocí. Sin embargo, tengo toda la información importante de la ciudad, si la necesita puede contactarme vía mail o vía instagram para compartirla.

El Báltico es un lugar único, repleto de historias, de mitos y leyendas. Pueblos que han convivido, lidiado, sobrevivido y vivido junto al mar y de el mar, eso les da un carácter distinto, fuerte, y resiliente. Atiborrado de personajes notables, valientes, emprendedores y soñadores. Su pasado vikingo, rudo y aguerrido ha dado paso a gente amable, distinta, acostumbrada a un clima duro y a un lugar lejano, sin embargo acogedora y simpática. Su distancia de Europa central si bien no es enorme en kilómetros si lo es en la cultura, estos son pueblos de mar y se les nota. Su clima agreste e impredecible solo lo hace mas atractivo e interesante. Su comercio denota todo esto, encontrará productos únicos y muy distintos, creativos y vanguardistas. Uno de esos lugares a los que inevitablemente tendré que volver.
Copenhague

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